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“La impronta escurialense de la iglesia del Hospital Tavera también se transmuta en algo nuevo al descubrirnos un modo de operar con la arquitectura que nos anuncia el siglo XVII. Este cimborrio o cúpula (como el mismo Greco la nombraría) introduce, de modo vanguardista y tempranísimo, las ideas que Miguel Ángel había desarrollado en los últimos años de su vida en torno a su proyecto de cúpula para San Pietro y que su discípulo Giacomo del Duca había aplicado en la de la pequeña iglesia de Santa Maria di Loreto de Roma (1573-1577), y de las que Vasari se había hecho eco de un modo admirado y con una prosa demorada en su Vita de Miguel Ángel. No estamos ante parecidos formales, que no los tienen, sino ante el desarrollo de ese gran tema de la arquitectura moderna que fue la fábrica y el control lumínico cenital que ofrecían las cúpulas de doble casco con arranque común, con una estructura cilíndrica interna a modo de linterna entre ambas, para dosificar y tamizar las luces que penetraban por la linterna superior y, muy en especial, por los óculos —protegidos por tímpanos en saledizo— abiertos en el casco exterior de la cúpula, creando de este modo en el interior del doble casco un colector de luz. La de Tavera es posible que fuera la primera aplicación en España de estas categorías lumínicas miguelangelescas a la más tradicional estructura de cúpula sin trasdosar inserta en una estructura ochavada que remata en un chapitel con linterna”.

[Joaquín Bérchez, “Algo más que retablos: El Greco y sus enigmas arquitectónicos”, El Greco Architeto de retablos. Joaquín Bérchez Fotografías, Valencia, 2014]

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