El Colegio del Patriarca desde el espejo de la arquitectura

2013

[Joaquín Bérchez y Mercedes Gómez-Ferrer, “El Real Colegio del Corpus Christi o del Patriarca de Valencia desde el espejo de la arquitectura”, Una Religiosa Urbanidad. San Juan de Ribera y el Colegio del Patriarca en la cultura artística de su tiempo, (textos Joaquín Bérchez, Miguel Falomir, Mercedes Gómez-Ferrer, Vicente Lleó Cañal, Fernando Marías) (fotografías Joaquín Bérchez), Valencia, 2013]

Qual otro Moyses en el monte, recibió el diseño

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El Real Colegio del Corpus Christi de Valencia es en sus intenciones arquitectónicas y litúrgicas uno de los monumentos que mejor sintetiza el episodio de la Contrarreforma en el panorama español. Pero a su vez es obra que empapa como ninguna otra la biografía de su fundador. La sola mención del edificio -Colegio del Patriarca- cobra una lícita prerrogativa metonímica y popular a perpetuar el nombre de su promotor, cualidad ésta sólo reservada a excepcionales obras. Y, sin duda, de este Colegio del Patriarca se puede afirmar que es el monumento arquitectónico que mayor porvenir histórico ha otorgado a su fundador.

Abreviatura del cielo

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No se había presenciado hasta entonces un espacio religioso en donde el lugar reservado al pueblo fiel, la eclesia, pudiera ser contemplado con tal profusión doctrinal a partir de las imágenes pintadas. Las capillas, las bóvedas, la cúpula, se apoderaban de los ojos del fiel con una cercanía insólita, quien quieto o en movimiento se veía inmerso en un mundo de imágenes de modo directo e inmediato. Frente a la bidimensionalidad reservada y privilegiada del altar mayor del presbiterio, la irrupción de este envoltorio de historias sagradas, ofrecía una inusual plenitud espacial, una tridimensionalidad dramatizada en el campo visual del fiel por donde discurren hechos religiosos cargados de inmediatez y repletos de fragmentos inesperados, por familiares

El claustro hermoso, labrado, de mármol terso y bruñido, con columnas y con arcos, con ménsulas y obeliscos

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Nos sugestiona, asombra, ese tratamiento de las columnas de mármol genovés, que como gemas irradian una pulcra lección clásica al marco que las engasta. Es sin duda un delicado ejercicio de “estilo” a partir de la matriz de las columnas genovesas que fabrica y proporciona un entorno armonioso. Al contemplar el claustro, su ambiente diáfano y grácil, elegante y mensurado, nos trae a la memoria no sólo su aire de familia con los patios sevillanos como la Casa Pilatos por donde transcurrió la juventud de don Juan de Ribera, también esas recomendaciones de las Ordenanzas de Sevilla (1527) que establecían a los albañiles la obligación de “saber asentar sus mármoles, y sacar pilares y asentar mármoles y labrar sobre ellos todos los arcos que convengan”

Suite fotohistórica