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“Y una arquitectura, aunque elocuente y sofisticadamente autorreferencial, que necesita tanto de la presencia humana como ésta de aquélla. La ciclista que atraviesa un arco lateral de la catedral de Vigevano, los transeúntes que deambulan ante la mole pétrea del Colegio de Minería en México, incluso el padre que pasea un día de verano con sus hijos ante un edificio en principio tan ahíto de connotaciones ideológicas como la Casa del Fascio de Como, conviven con una arquitectura que forma parte de su paisaje cotidiano y que, como tal, no invita a etéreas reflexiones sobre la condición humana.”

[Miguel Falomir, “Joaquín Bérchez, “che a veduto assai”, Arquitectura, placer de la mirada, 2009]

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