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“Bérchez –que era un fotógrafo atento a la realidad de aquello que no cambia- ahora abre su pupila a aquello que cambia y pasa también. Su fotografía, por así decirlo, se humaniza al estar bajo los efectos de dos luces: la de la realidad y la de su memoria, su recuerdo o su imaginación. Luz vista, pero también luz recordada, vivida, imaginada: luz doble que hace que, bajo su prisma, no haya sólo luz sino sentimiento, vivencia y reflexión. Así –como suma de diferentes luces- hay que entender sus visiones del homo viator, tan presente aquí, desde esos pasos impresos en el agua, que convierten en sinónimos las huellas que el viandante deja sobre el charco y la fragmentada imagen óptica que entre sus pies deja la arquitectura traducida por la luz: ambas intercambian sus significantes y ambas conforman un nuevo y mismo significado también.”

[Jaime Siles, “Joaquín Bérchez: La luz imaginada”, Desde la Plaza, Salamanca, 2005]

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